Martes 20 de Noviembre de 2001

"Una casa con vistas al mar", al Oscar y al Colón por venezuela

Resulta complejo dar una visión global de una obra cinematográfica en una sóla frase, pero podría describirse ‘Una casa con vista al mar’ como una "historia poética", afirma uno de los protagonistas de la película, Imanol Arias. El proyecto surge a partir de una novela y se realizó en coproducción entre Venezuela, Canadá y España, del mismo modo que otros largometrajes de la Sección Oficial a concurso. El origen, según el director, Alberto Arvelo, surge ante la pregunta que le realiza un niño en en las montañas del Norte de los Andes en Venezuela acerca de lo que era el mar. Al cabo de la explicación de unos quince minutos, supo que se trataba de una realidad que iba más allá de su imaginación. A partir de ahí y de la novela original surge una película que "tocara desde el corazón de los Andes el tema de esa recurrencia universal que es la soledad". "Es un recorrido por la vida y la simpleza". La música sustituye en cierto sentido el lenguaje oral y aporta ritmo al laconismo de los personajes.

Disfrutaron del proyecto ya que se realizó entre un grupo de amigos, de catorce personas, con lo que se trató de una "hermosa experiencia". El espectador puede descubrir con la incorporación de los conocimientos inherentes a su propia competencia cultural, el misterio de no saber que se encuentra "al otro lado de la puerta", lo que constituye el sueño de todos los hombres.

La película se rodó el año pasado, durante siete semanas, y se estrenó hace tres meses en el Festival de Montreal. Ahora se dispone a su distribución internacional: por los países participantes en la coproducción, así como en otros festivales de cine, como el de La Habana, en el próximo mes de diciembre. También ha recibido el Premio del Público en el Festival de Biarritz, que tuvo lugar el pasado mes de octubre. El director destaca la importancia para el cine iberoamericano de las coproducciones para subsistir en esa especie de lucha por la supervivencia en el mercado.

Imanol Arias, que interpreta al personaje protagonista, es uno de los actores españoles más conocidos en América Latina. Los personajes secundarios aparecen actuando dentro de su propio contexto, por lo que más que interpretación constituye una secuencia de la vida cotidiana dentro de una historia ficticia. En una pequeña muestra que se hizo en Venezuela "era realmente emocionante ver como la gente se hundía dentro de su historia y sentía que Imanol era uno más de ellos". "A medida que avanzaban los días -dice Alberto Arvelo- Imanol se iba mimetizando en el lugar".

Imanol Arias ha jugado un papel importante por su cooperación con el cine iberoamericano y a ello, el actor responde que "cuanto más joven eres más puedes ayudar". En los primeros momentos de la trayectoria de un actor puede ser interesante clamar al público en torno a dos continentes; luego, quizás eso hay que acompañarlo de la experiencia del equipo de trabajo, opción con la que se identifica en estos momentos. Este tipo de producciones suele realizarse con los recursos que se disponen y puede ser tan perjudicial no contar con una figura conocida que atraiga al público, como "desbordarse en el presupuesto porque viene alguien poderoso". En todo caso, Imanol Arias apuesta por "encontrar los actores adecuados de aquí y de allí y dejar que se mezclen", ya que nuestro idioma permite el entendimiento entre todos, aparte de contemplar los diferentes acentos que pueden ser muy interesantes en ciertas creaciones cinematográficas. El futuro es una "comunicación de mezclas" y hacer una coproducción con iberoamérica tiene la ventaja del escenario y de conocer a "gente maravillosa que hace lo mismo que tu", además de otros puntos de vista.

Imanol Arias y Alberto Arvelo se conocieron precisamente en un Festival de cine. El actor español percibió entre gente de tan diferentes lugares "una mirada serena" que hablaba su misma lengua. Asegura que "estaba enloquecido con el acento" y Arvelo se lo tamizó, dado que existen variantes específicas dentro de la población.Al final del rodaje, era uno más entre aquellos campesinos, aunque notaran un acento peculiar. Para Imanol "era mejor no estropear el personaje por una especie de virtuosismo de la imitación". Allí el tiempo se mide de manera especial: "todo se dilata en aquel páramo", dada la altura a la que se vive y la falta de oxígeno. En la película se muestra "una manera de ver la vida como con pliegues". Ha tenido unas sensaciones especiales al insertarse desde el mundo occidental en otra realidad. Salía a caminar por el pueblo, quería charlar con la gente y arar como uno más de los campesinos, con su poncho y un sombrero que le cubría la cara. Fue tal la interiorización de su personaje que no fue distinguido por los periodistas entre el grupo de campesinos del lugar.

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